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03 Agos 2008 


    



En este lienzo muchos objetos del cuarto están emparejados: dos sillas, dos almohadas, dos jarras y dos botellas. Aunque creía en la pintura tomada directamente del natural, Van Gogh transponía o intensificaba constantemente los colores. La silla de su cuarto era en realidad de madera clara. Aquí la pinta amarilla por razones simbólicas: el amarillo es el color de la luz del sol, la calidez y la felicidad. El naranja, el amarillo de cromo y el de cadmio mezclados con el blanco, se encuentran en la base de la gama de amarillos que se asocian con su período de Arles .

 

Su deseo de basar el uso de los colores en principios científicos, le lleva a usar pares de colores complementarios, naranja-azul, violeta-amarillo, verde-rojo. Incluso llega a sugerir a su hermano Theo el color del marco: blanco. Según su teoría, el blanco equilibra a los complementarios y atenúa los efectos violentos del color. Sabemos por sus cartas que las paredes de la habitación estaban blanqueadas con cal y que el suelo era de baldosa roja; sin embargo, él exagera los colores o los cambia arbitrariamente: inventa un nuevo cromatismo que los fauvistas llevarán al extremo.

 

Pinceladas negras envuelven a los objetos y delimitan los espacios, dando la sensación de que están llenos de color.

 

Las sillas, la mesa y la cama, están delimitadas por pinceladas que denotan la pesadez de la madera. Llena la superficie con pinceladas continuas siguiendo las vetas horizontales y verticales de la madera, iluminando el asiento en forma de estrella de las sillas de paja, siguiendo la dirección de los listones verticales de las ventanas.

 

Observando la cabecera de la cama, comprobamos que su extremo derecho está muy alejado del rincón mientras que el izquierdo está muy cerca de la percha. De idéntica manera, las patas de atrás de la mesita son equidistantes de la pared, y la mesa parece estar dispuesta oblicuamente a la pared. Sabemos, por referencias a otras obras y por algún plano de la casa amarilla donde vivía Van Gogh que las paredes del fondo formaban un ángulo de 120 grados: de ahí la distribución de los muebles. El espacio de este interior, sin embargo, no queda claro ya que van Gogh ha suprimido las sombras.

 

La ventana está entreabierta hacia dentro, lo que implica accesibilidad al mundo exterior; pero es significativo que no se distinga nada por fuera. La habitación parece bastarse a sí misma. El espacio que se abre en torno a la cama evita que el cuadro resulte en exceso claustrofóbico.

 

La pintura está aplicada en capas espesas en las que cada pincelada resulta claramente visible. Van Gogh utilizaba las pinturas directamente del tubo y pintaba con rapidez, llegando a veces a terminar un cuadro en un solo día. Gastaba muchísima pintura y constantemente le pedía a su hermano Theo que le enviara materiales desde París. La habitación tenía el piso de ladrillo rojo, y en la primera versión de la obra es de un rosa oscuro. En la versión de París (porque hay más de una versión de este cuadro), el piso, de color marrón, confiere al cuadro un carácter más sombrío que revela el estado de ánimo del pintor. Convierte en azul-violeta el blanco de la pared, creando armonías de color con los verdes, como se aprecia en la ventana, y contrastes con el amarillo de la cama y las sillas. Era consciente del impacto emocional del color. Decía "en vez de reproducir exactamente lo que tengo ante mis ojos, me valgo del color con arbitrariedad para así expresarme de forma más convincente". El rojo intenso del cubrecama aviva el tono del lienzo.

 

Fue uno de los primeros pintores que acusaron la influencia de los grabados japoneses, muy difundidos por entonces en Europa. Admiraba de ellos la sencillez del dibujo, los espacios planos de color, las pronunciadas perspectivas y la ausencia de sombras.


Textò plagiado y mutiliado parcialmente de: http://www.liceus.com/cgi-bin/gba/habitacion.asp


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Categorías: Pintura
17 Jun 2008 




El gran protagonista es el fagotista Désiré Dihau, primo del pintor Henri de Toulouse-Lautrec, que aparece en el centro de la imagen, rodeado de la orquesta del teatro de la Ópera de París. La relación de Degas con el fagotista era muy estrecha, visitando frecuentemente su casa en la que solía formar un dueto con su hermana Marie, cantante de conciertos. Con esta mujer se insinúa por parte de algunos biógrafos que pudo el pintor mantener alguna relación sentimental. Toulouse-Lautrec, primo de la familia, sentirá una especial atracción por la obra de Degas y especialmente por este cuadro.

 

La atención de los músicos interpretando la pieza ha sido exquisitamente captada por el pintor, que muestra sus grandes dotes como retratista. De esta manera, el artista ofrece una imagen de la vida moderna, por supuesto de una clase social burguesa en la que él estaba incluido. En primer plano contemplamos una barandilla forrada de terciopelo - que sirve para separar la zona del patio de butacas del foso de la orquesta - incluida por Degas para introducir al espectador en la escena, como si contempláramos el ballet desde la primera fila.

 

Con mucha sutileza Degas oculta lo que generalmente se muestra de una sala de espectáculo, y subraya la plaza de un espectador y sobre todo el foso de orquesta. El espacio está recortado en tres zonas. Abajo, la parte pública de la sala, el espacio dedicado al espectador, el de la ópera pero también el del cuadro. En el centro del foso donde se encuentran los músicos. El tercero es el del escenario, delimitado por la barandilla, y ocupado por los cuerpos decapitados de las bailarinas. Para romper con esa horizontalidad se han incluido diferentes elementos verticales como el arpa, el contrabajo o el arco de los violines.

 

 La obra muestra una interesante influencia de la fotografía, muy empleada por Degas en aquellos momentos para realizar sus composiciones. Vemos cómo se han cortado el plano pictórico en la zona superior y en los laterales, algo impensable para un artista tradicional.

 

La radiografía revela que Degas ha dividido voluntariamente el lienzo, en los lados y en la parte superior. El efecto del enfoque parece haberse radicalizado, en un segundo tiempo. La arpa, el palco y el contrabajo, han sido añadidos más tarde, lo que permite unir, gráficamente el foso con el escenario.

 

Respecto al color, resulta interesante destacar el contraste entre las tonalidades oscuras de los elegantes trajes con el blanco de sus camisas y pajaritas. Pero el gran fogonazo de color se encuentra sobre el escenario, donde encontramos las tonalidades azules y rosas de los vestidos de las bailarinas, iluminados por los potentes focos de la representación. En cuanto a la factura, Degas emplea un perfecto dibujo en las figuras, especialmente en la de Désiré, mientras que en el resto encontramos mayor soltura, mostrando sin embargo todos los detalles de los instrumentos musicales.


Texto plagiado, mutiliado, copiado y pegado de: 


http://www.musee-orsay.fr

http://www.artehistoria.jcyl.es/genios/cuadros/1607.htm

 
Admin · 11 vistas · 0 comentarios
Categorías: Pintura
25 Mayo 2008 




Una vista espectacular desde esta atalaya disfruta el elegante caballero apostado en la cumbre. La naturaleza despliega sus encantos mezclando montañas, niebla y cielo. Es temprano por la mañana y la niebla cubre los valles mientras las cumbres de las montañas emergen de ella. Las coníferas (pinos, abetos y cedros) se dejan entrever asomando esbeltos entre los peñascos.

En cuanto al caballero, muy elegante, viste levita y se asiste con bastón. Su cabello vuela libre al viento y desde su privilegiada posición se concentra en la contemplación de esta maravilla. El cuadro es una visión romántica de la soledad del individuo y de su insignificancia frente al poderío de una naturaleza espléndida y apabullante.

El hecho de que el viajero se encuentre de espaldas y no pueda vérsele la cara, ha sido objeto de análisis e interpretaciones. De esta forma el autor impide que la fisonomía del personaje anónimo distraiga la atención del paisaje.

Esta postura (una persona vuelta de espaldas tiene la vista puesta en un paisaje romántico) se repite en otras pinturas de Friedrich, como los Acantilados blancos en Rügen. La figura de espaldas, que está en pie como un monumento sobre un lugar elevado, atrae al espectador al interior de la pintura. La figura vuelta de espaldas cumple una importante función como figura de identificación. Normalmente están colocados de tal manera que cubren el punto de fuga. A causa de ello, el espectador tiende a colocarse en el lugar de la figura, y de esta manera seguir también de cerca el fenómeno natural.

El hecho de que el viajero se encuentre en el centro de la pintura, además, indica que está en posición de dominación. Sin embargo, el llevar un bastón, quizá para facilitarle la ascensión, apunta a cierta debilidad.

El viajero se encuentra solo. Todo indica que no hay otra presencia humana. Se percibe en el individuo aislamiento y soledad.

Hay interpretaciones que aluden a que el mar de nubes representaría la inmensidad del universo frente a la pequeñez del hombre. El Hombre no es nada ante la Naturaleza. La Naturaleza se regenera, pero el hombre es mortal. Se pretende transmitir el sentimiento de lo sublime, la impresión de magnificencia y sobrecogimiento que produce la naturaleza en toda su grandeza. El hombre de espaldas parece recordar, sumido en su contemplación, a algún difunto o su propia mortalidad.

Finalmente, cabe apuntar que también se ha hecho una interpretación política y nacionalista de esa obra. En efecto, durante las guerras napoleónicas se logró cierta unificación de los estados alemanes, perdida después del Congreso de Viena Friedrich expresaría la espera de una Alemania libre y mejor. En este sentido, el caminante no sería Friedrich, sino un caído en las guerras de liberación (1813-1815). Por ser un símbolo político, viste la típica levita alemana, prohibida en 1818.5 .


Texto plagiado y mutilado de:
http://webs.um.es/javima/cuadro.php
http://es.wikipedia.org/wiki/Caminante_sobre_el_mar_de_niebla

Admin · 25 vistas · 0 comentarios
Categorías: Pintura
20 Avr 2008 

Se representa [...] la reacción violenta del pueblo madrileño contra los miembros de la guardia mameluca, mercenarios egipcios al servicio de Napoleón desde su campaña de Egipto, y contra los soldados franceses del mariscal Murat. Aunque se ha venido identificando el escenario del acontecimiento con la Puerta del Sol, hay estudiosos como R. Andioc que lo sitúan en las proximidades del Palacio Real. De todos modos, como destaca Tomlinson, no hay nada seguro que indique que se trate en concreto de la Puerta del Sol, pero, si así fuese, la perspectiva sería distinta, mirando hacia el Palacio Real.

También se han resaltado los puntos de contacto que tiene el cuadro del Dos de Mayo con estampas populares que narraban el levantamiento madrileño contra los franceses [...].

Sobre un fondo de perspectiva sesgado, hay una acumulación de figuras en primer plano, en trepidante movimiento, con escorzos violentos. Más que exaltar el heroísmo, como bien ha apuntado Valeriano Bozal, Goya se interesa por plasmar el dramatismo y el patetismo humano. Hay varias diferencias entre este boceto y el cuadro definitivo. Empezando por la izquierda, el soldado francés que yace muerto en el suelo, tiene en el boceto la cabeza hacia abajo, y no hacia arriba.

El paisano que acosa con un chuzo al caballo tiene otra posición en el cuadro definitivo y sólo se ve media figura, lo que hace pensar que el cuadro del Prado pudo ser recortado en su extremo izquierdo [...].

El madrileño que salta sobre el mameluco con calzón azul en el cuadro definitivo lo lleva ocre claro. El mameluco que está a caballo en el centro empuña un alfanje hacia arriba y no en posición de asestar una puñalada como aparece en el cuadro grande del Prado. Junto a él, el otro mameluco queda más destacado y esgrime un alfanje en el definitivo. Sólo aparece uno de los dos caballos de éstos en el boceto. En el extremo de la derecha, uno de los mamelucos del boceto que van a caballo se ha transformado en el cuadro grande en un coracero francés, en actitud de combate más violenta.

En primer plano, el paisano de espaldas que está hiriendo con un puñal al caballo blanco es semejante, salvo uno de los brazos, al hombre que en el dibujo preparatorio (Prado) del Desastre 14 ¡Duro es el paso!, sujeta la escalera para que no se caiga. Esta coincidencia pone de manifiesto la coetaneidad del boceto con la preparación de dibujos y planchas de la serie final de grabados de los Desastres de la guerra, coincidencia no sólo temática, sino también formal, con reutilización de figuras de aquellos en este boceto. Otros pequeños detalles del fondo están más definidos en el cuadro del Prado.

Arturo Ansón Navarro. 1996


Texto plagiado y mutilado de: http://www.almendron.com/arte/pintura/goya/obras_goya/goya_50.htm

Admin · 27 vistas · 0 comentarios
Categorías: Pintura
09 Mar 2008 



Estamos delante de un paisaje onírico. Parece una playa al anochecer. En primer término y en posición central, destaca una extraña figura:una cabeza blanda con una enorme nariz, de larga y carnosa lengua que sale de ella, pero carece de boca. Su raro cuello se pierde en la oscuridad. Reposa dormida sobre la arena, ya que vemos cerrado su ojo, con unas enormes pestañas. Puede muy bien ser un autorretrato estilizado del pintor.

Tiene encima un blando reloj de bolsillo. A la izquierda, sobre lo que parece una mesa de madera rectangular, aunque incompleta, encontramos otros dos relojes: uno más pequeño, cerrado, sobre el que se apelotona una multitud de hormigas; el otro, enorme, blando y alabeado- con una mosca encima y marcando casi las siete horas- ,se escurre por el borde de la mesa. De ésta nace un árbol roto, con una sola rama sin hojas sobre la que hay un tercer reloj blando. Al fondo, iluminada fuertemente, vemos una cala recortada por acantilados rocosos. Una piedra redondeada proyecta su sombra sobre la arena de la playa, que está desierta. El mar se confunde casi con el cielo cubierto de vaporosas nubes blancas.

El dibujo tiene una enorme importancia en el cuadro. Es de líneas puras, muy académico y relamido. Los objetos están representados con exactitud y detallismo, pero sus dimensiones no son reales y están deformados.

La luz juega un gran papel. El cuadro está dividido en dos partes no simétricas: una tenebrista, en primer término, con un foco de luz a la derecha que ilumina suavemente los objetos, que proyectan sus sombras y se recortan en el espacio; y la otra, fuertemente iluminada, al fondo, con una luz muy blanca, irreal.

El color es rico y variado. Predominan los tonos frios (azules, grises, blancos), que contrastan con los cálidos (ocres, marrones y amarillos).

La composición está muy estudiada. Domina la línea horizontal del mar al fondo, remarcada por la luz, que divide el cuadro en dos mitades desiguales pero armoniosas. Se complementa con la horizontal de la rama seca del árbol, que con su tronco marca a la izquierda una vertical que equilibra la composición. Como elementos dinámicos, el pintor utiliza las líneas diagonales (mesa, cabeza) y las curvas (relojes, cabeza). El color contribuye a lograr estos efectos, ya que los tonos cálidos nos acercan las formas, mientras que los frios las alejan. La perspectiva tradicional existe, pero el espacio parece extraño. El punto de vista del espectador es alto, aunque no en todos los objetos.

Admin · 33 vistas · 0 comentarios
Categorías: Pintura

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